Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro Combatida por todas partes, la nave se debatÃa en un mar de espuma, no obedeciendo al timón ni a las velas henchidas por el viento.
Avanzaba, retrocedÃa, inclinábase violentamente, ora a un lado, ora a otro; elevábase después bruscamente, pera caer luego en un abismo.
El agua que la llenaba con aquellas sacudidas se precipitaba como un torrente a través del entrepuente y de la estiba, hundiendo las puertas de los camarotes y arrastrándolo todo en su carrera.
Ya la costa distaba solo un centenar de metros, cuando se oyó a Picardo, que gritaba desde proa:
—¡Rompientes a proa! ¡Dobla, Morgan!
El filibustero corrió a la banda con todas sus fuerzas, confiando en sacar de ruta a la nave, cuando una espantosa ola entró por popa y atravesó todo el velero.
Morgan se habÃa precipitado sobre Yolanda y la cogió entre sus brazos, mientras Carmaux era lanzado contra la amura.
—¡Agarraos a mÃ! —habÃa gritado.
Apenas lo dijo, sintió que era levantado por la enorme masa de agua y arrastrado fuera.
Se hundió, sin soltar a la joven, y por fin salió de nuevo a flote.