Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¿Los hay aqu� —preguntó Yolanda.
—Los caribes abundan en estas costas, y hay hasta tribus que devoran a los prisioneros de guerra. Debemos guardarnos de ellos.
—Señorita, vamos a buscar el almuerzo. De fijo encontraremos algo, aunque sean frutas. Después nos dirigiremos hacia ese cabo para ver si la nave se ha destrozado o ha encallado en alguna parte.
Convencidos de que encontrarÃan pronto a sus camaradas, se alejaron de la playa y se internaron en el bosque, que a primera vista parecÃa impenetrable.
Estas tierras, bañadas por las aguas del golfo de México, regadas por gigantescos rÃos y acariciadas por el sol, son de una fertilidad prodigiosa, y el desarrollo de sus plantas es extraordinario. Basta que una plantación sea descuidada algunas semanas, para que se vea invadida por un laberinto de plantas que crecen casi a simple vista.
La vela que cubrÃa toda la costa y que probablemente se extendÃa en un espacio inmenso del interior, parecÃa formada, al menos en sus lindes, por dos clases de plantas: palmas y bombix.