Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro La voz continuó gritando:
—¡Toma otro! ¿No te vas aún? ¡Toma entonces!
Y se oÃan roncos bufidos, que acababan en una especie de rugido ahogado.
El filibustero debÃa de haber sido atacado por alguna fiera, y se defendÃa desesperadamente a sablazos.
Yolanda se precipitó hacia el campamento gritando:
—¡Ya estoy aquÃ, señor Morgan! ¡Llego a tiempo!
—¡Cuidado, señorita! —repuso el corsario—. ¡Es un leopardo el que me ha atacado!
—¡Ahora seremos dos para hacerle frente! —repuso la valiente joven.
Viendo llegar aquel refuerzo, el leopardo se volvió para hacer frente al nuevo enemigo, y Morgan lo aprovechó para darle un sablazo en los riñones.
La fiera lanzó un rugido de rabia y de dolor; de un salto tiró el tejadillo y huyó hacia el bosque dando botes de tres y cuatro metros.
—¡Gracias, señorita! —dijo con voz conmovida Morgan—. Ya iba a ceder a ese animal. ¡Cuánto me alegra el veros! Comenzaba a temer que os hubiese ocurrido alguna desgracia.
—¿Habréis sufrido alguna herida? —preguntó ansiosamente Yolanda.