Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro El destacamento se colocó en doble fila y siguió al filibustero, que iba al lado del teniente.
Atravesaron un trozo de bosque adoptando ciertas precauciones. De pronto Pedro el Picardo fingió tropezar en un bejuco, y cayó como muerto.
Casi en el mismo instante se oyó la voz de Morgan, que gritaba:
—¡Fuego!
Una terrible descarga que partió de entre el follaje derribó a unos diez hombres, y los filibusteros se lanzaron sable en mano, gritando:
—¡Rendíos!
El estupor de los supervivientes fue tal, que ni siquiera intentaron defenderse. Además, el número de los enemigos era muy superior al suyo.
Solo el teniente desenvainó su espada y se abalanzó a Morgan, gritando:
—¿Quiénes sois vosotros, que asesináis a semejantes vuestros? No sois indios.
—Somos enemigos mucho más temibles que los indios —repuso el corsario—. ¿Queréis saber quiénes somos? ¡Filibusteros de las Tortugas! ¿Queréis mediros con nosotros? Estamos dispuestos; pero no os aconsejo que lo intentéis. ¡Tirad las armas y rendíos!
Oyendo aquellas palabras el oficial había hecho un gesto de estupor.