Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¡Filibusteros de las Tortugas! —exclamó—. ¿Cómo estáis aqu�
—Es inútil que lo sepáis —repuso Morgan—. ¿Os rendÃs? ¿SÃ, o no? ¡No tenemos tiempo que perder!
El oficial vacilaba, pero viendo que sus hombres dejaban caer los arcabuces, rompió su espada, diciendo:
—¡Cedo a la fuerza! ¡Fusiladnos si queréis!
—Acostumbro respetar a los valientes desgraciados —dijo Morgan—. Tenéis segura la vida: os doy mi palabra.
Y volviéndose hacia sus hombres, les dijo:
—¡Amarrad a estos señores!
Mientras se cumplÃan sus órdenes salió al encuentro de Pedro el Picardo, que reÃa a carcajadas.
—¡Gracias, Pedro! —le dijo—. ¡Nos has dado posesión de la nave!
—TodavÃa no es nuestra —repuso Pedro.
—Yo no dudo del éxito feliz. Solo faltan dos horas para el ocaso, y esta noche no habrá luna. Se puede intentar una sorpresa.
—¿Y no se inquietarán los que quedan a bordo no viendo volver a los suyos?
En vez de responder, Morgan llamó a siete u ocho corsarios, y dijo a Pedro:
—Llévame adonde están las chalupas.
—No distan de aquà ni un kilómetro.