Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¡En marcha!
El destacamento partió a buen paso, mientras los demás filibusteros amarraban con fuertes bejucos a los prisioneros españoles.
Diez minutos después Morgan, Pedro y sus compañeros llegaban a la orilla del mar. Se ocultaron entre las plantas, y el capitán dio orden de hacer una descarga al aire.
Un instante después los cañones de la corbeta tronaban con ensordecedor estruendo.
—Creen asustar a los salvajes —dijo Morgan—. Supondrán que sus camaradas han sido sorprendidos por una banda de caribes. Internaos en el bosque, y continuad disparando alejándoos cuanto podáis; y nosotros, Pedro, vigilemos la nave.
Los corsarios partieron a la carrera, disparando de trecho en trecho para hacer creer que perseguÃan a los salvajes.
—¿Ves cómo no se mueven? —dijo Morgan, oyendo los tiros cada vez más distantes—. Creerán que sus hombres son vencedores.
—¡Eres un demonio! —dijo Pedro.
—Trato de engañarlos —repuso Morgan—; ya verás cómo lo consigo.