Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —Entonces, haz retirar a nuestros hombres, y que lleven vÃveres y mosquetes a los prisioneros para que no mueran de hambre en el bosque.
Pedro iba a obedecer, cuando hacia la costa se oyó a Carmaux gritar:
—¡Señor Morgan! ¡Señor Morgan! ¡Enviad pronto una chalupa! ¡Pronto! ¡Pronto!
—¿Qué querrá ese valiente? —murmuró Morgan.
—¡Ocho hombres con la ballenera! —ordenó Pedro.
La chalupa, que aún no habÃa sido izada, partió velozmente hacia dónde Carmaux seguÃa gritando:
—¡Pronto, camaradas! ¡Más de prisa!
Impresionado Morgan por aquellos gritos, que parecÃan anunciar alguna desgracia o acontecimiento grave, se abalanzó a lo alto de la escala.
La ballenera tocó la playa, y volvió rápidamente hacia la nave con dos hombres más.
—El uno es Carmaux —dijo Pedro—. ¿Quién será el otro?
Morgan no contestó. Inclinado hacia adelante, miraba al hombre que iba con Carmaux.
Cuando la ballenera llegó cerca de la corbeta, un grito de estupor se escapó de sus labios.
—¡Don Rafael!