Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¡A Panamá! ¡La llevan a Panamá! —gritó Morgan con desesperado acento.
—SÃ, señor —dijo don Rafael.
—¿Has oÃdo bien? —preguntó Pedro.
—Como os oigo hablar ahora. Completamente anonadado por aquella noticia, Morgan se habÃa apoyado contra la borda y enjugaba el sudor que bañaba su frente.
—La amas, ¿verdad? —le preguntó Pedro acercándose a él.
—¡SÃ! —repuso el filibustero.
—¡Ya lo sabÃa! ¿Qué debemos hacer para arrancarla por segunda vez de manos de ese maldito conde? Ya sabes cuánto te queremos y de lo que somos capaces. ¿Crees poder alcanzar a la nave antes de que toque en los puertos de la América Central?
—Lo intentaremos —repuso Morgan, que recobraba poco a poco la sangre frÃa.
—¿Dónde está el paso que conduce a Panamá?
—En Chagres.
—¿No hay otro?
—No.
—Don Rafael —dijo Pedro—, ¿habéis estado en Panamá?
—Nacà allÃ, señor.
—Entonces, ¿conocéis el paso de Chagres?
—No hay otro.
—¿Hay allà guarnición?