Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro Miró a su alrededor, y viendo al plantador con el hamburgués y Carmaux, se acercó a él, preguntándole:
—¿TenÃa caballos el conde de Medina?
—No, señor.
—¿Adónde habrá ido?
—A Cumana, que es la ciudad más próxima, y en la cual encontrará naves en abundancia.
—¿Conocéis a alguien all�
—SÃ; a un notario que hace años vivÃa en Maracaibo, y que es algo pariente mÃo.
—¿Queréis ir allá con dos de mis hombres?
—Me exponéis a que me ahorquen por traidor.
—Vuestra vida me pertenece, y ya os la he perdonado un par de veces.
—Reflexionad, señor, y no olvidéis que soy español.
—Pero ¿no os alegrarÃais de vengaros del capitán Valera?
—No lo niego; por el capitán es por quien temo. Si está todavÃa en Cumana, puede reconocerme y ceñirme al cuello una buena corbata.
—Os transformaremos de modo que nadie os reconozca, si lo deseáis. Además, yo no os obligo a presentaros a vuestro enemigo. No os pido más sino que llevéis a dos de los nuestros a esa ciudad y que los hospedéis en casa de vuestro amigo el notario. Nada más.