Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¿Es cierto que los españoles la han fortificado formidablemente?
—Está rodeada de murallas, tiene torres y artillerÃa en gran número, y se dice que nunca hay menos de ocho mil hombres de guarnición.
—Me gustarÃa visitarla —dijo Carmaux—. ¡Bah! ¡Otra vez será! ¡Bebe, compadre Wan Stiller!
Vaciaron concienzudamente las botellas y volvieron lentamente a bordo, no poco descontentos con el mal éxito de su misión.
Apenas habÃan subido a la corbeta e informado a Pedro de cuanto sabÃan, llegó una chalupa tripulada por un oficial y varios remeros, que abordó al barco, deteniéndose junto a la escala.
—¿Alguna noticia del conde? —preguntó Pedro saliendo al encuentro del oficial, que llevaba un pliego en la mano—. ¡Subid, señor!
—De parte del alcalde, capitán —dijo el oficial poniendo el pie en la toldilla.
La carta contenÃa una invitación para los oficiales de la nave y los marineros a un fandango nocturno con que se proponÃan festejar su llegada.
—¡A falta de otra cosa, divirtámonos! —murmuró el filibustero—. No tenemos nada que hacer hasta que llegue la escuadra.
Y alzando la voz, dijo: