Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —Decid al alcalde que estamos profundamente agradecidos a su invitación y que asistiremos.
—Llevad el mayor número posible de marineros, señor —dijo el oficial—. Tomarán parte en el baile todas las jóvenes del pueblo.
—No dejaré a bordo más que los hombres puramente necesarios. Son corteses estos habitantes —dijo a Carmaux cuando el oficial hubo partido—. ¡Si supiesen qué raza de españoles somos! ¡Eh, Carmaux! ¿Tienes la cara fosca?
—No he tenido nunca confianza en estos convites —replicó el francés.
—¿Qué temes? ¡Ah! ¡Ya! ¿Prefieres esconderte en alguna taberna? ¡No faltará el buen vino, viejo mÃo!
Carmaux no contestó, pero meneó repetidas veces la cabeza.