Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —Vienen a intimarnos la rendición —dijo el filibustero—: ¡Que nadie haga fuego!
El oficial se detuvo a diez pasos del portón, mientras el corneta de órdenes vibraba su instrumento.
—¿Qué queréis? —preguntó Pedro asomándose.
—De orden del comandante de la guarnición y del alcalde os intimo la rendición —dijo el oficial, levantando la cabeza.
—¿Por quién nos tomáis? —preguntó Pedro fingiéndose encolerizado—. ¿Es asà como tratáis a los marinos de la escuadra? ¿Qué chanza es esta?
—¡Ah! ¿Lo llamáis chanza? —exclamo el oficial—. Es inútil que prolonguéis la farsa; ya estáis reconocidos.
—¿Cómo?
—Como filibusteros de las Tortugas.
—¡Pero estáis locos! —gritó Pedro—. ¡Acabad u os atacaremos y prenderemos fuego al pueblo! ¡Mis marineros están furiosos y ya no puedo contenerlos!
—¿Queréis prolongar la comedia? —Decidme al menos quién es el imbécil que pretende reconocer en nosotros, honrados marineros de la escuadra española, a unos ladrones de mar.
—Un hombre que ha sido vuestro prisionero: el capitán Juan de Valera.