Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¡Ay de mÃ! —suspiró el plantador—. ¡Me ahorcaréis para vengar a vuestros camaradas, a quienes el Gobernador hizo colgar en las horcas de la Plaza Mayor!
—¡No fuisteis vos!
—Ya lo sé; pero vuestro comandante quizá lo crea.
—¡Bah! —dijo Carmaux, que se divertÃa inmensamente y hacÃa sobrehumanos esfuerzos por permanecer serio—. ¡Valor, señor mÃo! He aquà a Wan Stiller, que trae triunfalmente cuatro botellas que deben de haber sido encorchadas en tiempo de Noé. ¡Por Baco! ¡Qué olfato tiene este hamburgués! ¡Ha descubierto en seguida la bodega!
Carmaux habÃa cogido por un brazo al plantador y le apretaba para que no se escapase, cuando a breve distancia resonaron algunos tiros de arcabuz, y por una calle lateral desembocaron corriendo velozmente varios hombres, que llevaban sobre los hombros grandes envoltorios conteniendo, probablemente, sus últimas riquezas.
—¡Misericordia! —exclamó el plantador—. ¡Nos matan!
—¡Razón de más para refugiarse en la taberna! —dijo Carmaux—. ¡No sabe uno lo que puede pasar!
Le empujó violentamente al interior de la taberna, donde estaba Wan Stiller decapitando con su sable cuatro botellas.