Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¿Os ha dicho alguien que el capitán Morgan haya decretado vuestra muerte? —preguntó gravemente Carmaux.
—Entonces, ¿soy un moribundo? —exclamó don Rafael poniéndose lÃvido—. ¿Quiere vengar en mà la muerte de sus siete marineros?
Carmaux le miró algunos instantes frunciendo el entrecejo, y dijo:
—De vos depende que os salvéis.
—¿Qué debo hacer? ¡DecÃdmelo! ¡Soy rico, y puedo pagar un gran rescate a vuestro capitán!
—Ese nos lo pagaréis a nosotros, querido señor —dijo Carmaux—, ya que nosotros hemos sido los que os hemos hecho prisionero; pero por ahora no se trata de dinero, sino de la piel.
—¡Explicaos mejor! —dijo don Rafael, que ya respiraba más libremente—. ¡No tengo ningún deseo de bailar un fandango de una cuerda!
—Entonces, contestad, y pensad bien lo que decÃs —dijo Carmaux, que de repente se habÃa puesto amenazador—. ¿Dónde está escondida la señorita de Ventimiglia?
—¡Cómo! —exclamó don Rafael haciendo un gesto de sorpresa—. ¿No la habéis encontrado?
—No.
—Sin embargo, yo no la he visto huir con el Gobernador.