Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¡Fuera de aquÃ! —gritó Carmaux apuntando resueltamente su arcabuz contra los filibusteros—. ¡Este hombre es prisionero del almirante y fusilaré a quien le toque! ¡Palabra de Carmaux!
Oyendo estas palabras, los corsarios se detuvieron titubeando, volvieron la espalda y se alejaron corriendo; tanto era el terror que inspiraba Morgan, hasta entre aquellos depredadores del mar, que no reconocÃan leyes ni gobiernos.
—¡Hablad ahora! —dijo Carmaux volviéndose hacia el plantador—. Ya nadie vendrá a molestaros.
Don Rafael bebió de un trago un vaso de Alicante para tomar fuerzas, y dijo:
—La historia que voy a narraros es un secreto que solo poquÃsimos españoles conocen y que todos vosotros ignoráis. Pero antes de empezarla quisiera saber por qué existÃa un implacable odio entre el Corsario Negro, señor de Ventimiglia, y el duque de Wan Guld, Gobernador que fue de esta ciudad. Vos, que habéis sido marineros, y acaso confidentes del terrible Corsario, que tanto mal hizo en nuestras colonias, debéis de saber algo, y yo esclareceré acaso el porqué del odio que el Gobernador actual siente hacia la joven hija del Corsario.
—¡Cómo! —exclamó Carmaux—. ¿El Gobernador odia a la hija del Corsario Negro? ¿No es, pues, tan solo el interés lo que le ha empujado a hacerla prisionera?