Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¡Ah, diablo! —exclamó Carmaux—. ¿Habremos cometido una imprudencia no trayendo refuerzos? ¿Qué opinas, hamburgués?
—Que somos fuertes, que estamos bien armados —repuso Wan Stiller— y que no es este el momento de abandonar la empresa.
—¡Hablas como un libro impreso, compadre! ¡Ya que hemos empezado, pase lo que pase, terminaremos!
Imitando al hamburgués, recogió un cirio del suelo, lo encendió y se dirigió hacia el ángulo indicado por el plantador.
—ConfÃo, don Rafael —dijo—, en que no trataréis de prepararnos una encerrona. Yo iré delante, pero mi compañero os seguirá espada en mano. Y os advierto que cuando tira una estocada atraviesa a un hombre como a un escarabajo.
El plantador se enjugó el sudor que le bañaba la frente.
Tras una especie de nicho se veÃa una piedra circular provista de una argolla de hierro y que parecÃa cubrir alguna tumba.
En efecto: se veÃan algunas letras esculpidas en ella, y hasta un blasón que representaba dos leones rampantes en una faja diagonal.
—¡Aquà es! —dijo con voz ahogada el plantador.