Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro Carmaux pasó el cañón del arcabuz por la argolla, y con ayuda del hamburgués levantó la piedra.
Una bocanada de aire fétido hizo retroceder a los dos corsarios.
—¡Vaya un escondite mal perfumado! —dijo Carmaux—. ¿Es posible que el capitán se haya refugiado aquà dentro?
—Sin duda alguna —dijo el plantador.
—¿Cómo lo sabéis vos?
—Por el Gobernador y por el superior del monasterio.
—¡Sabéis muchas cosas, don Rafael! ¡Ha sido una verdadera fortuna haberos encontrado en la riña de gallos aquella noche!
—¡O una desgracia!
—Acaso para vos, pero no para nosotros —dijo riendo Carmaux—. ¡Vaya, bajemos!
Una escalerilla de piedra en forma de caracol conducÃa al interior de los subterráneos del monasterio.
Carmaux desenvainó la espada, encendió el cirio del hamburgués y bajó resueltamente, mirando con cuidado dónde pisaba.
Don Rafael le seguÃa, murmurando. Wan Stiller iba el último, con el arcabuz amartillado.