La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 2. Es verdad que Virgilio parece expresar en elegantes versos la opinión de Platón al decir: «Esas emanaciones del alma universal conservan su ígneo vigor y su celeste origen mientras no están cautivadas en toscos cuerpos y no las embotan terrenas ligaduras y miembros destinados a morir». Incluso añade, queriendo dar a entender que todas esas perturbaciones tan conocidas del ánimo, el deseo y el temor, la alegría y la tristeza, como fuentes de todos los vicios y pecados, proceden del cuerpo: «Por eso temen y desean, padecen y gozan; por eso no ven la luz del cielo, encerradas en las tinieblas de oscura cárcel».