La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Los vicios que tienen la primacía en el diablo los atribuye el Apóstol a la carne12, de la que ciertamente carece el diablo. Dice que las enemistades, los pleitos, las rivalidades, las animosidades, las envidias son obras de la carne, y la cabeza y origen de todos estos males es la soberbia, que sin carne reina en el diablo. Y ¿quién hay más enemigo que él de los santos?; ¿quién más porfiado, más animoso y más hostil contra ellos? Y teniendo todo esto sin carne, ¿cómo son esos vicios obra de la carne, sino porque son obras del hombre, a quien, como dije, denomina con el nombre de carne? Porque el hombre se ha hecho semejante al diablo no por tener carne, que no tiene el diablo, sino viviendo según él mismo, esto es, según el hombre. También aquél quiso vivir según él mismo, cuando no permaneció en la verdad, de suerte que al mentir, no habló de parte de Dios, sino de su propia cosecha, ya que no es sólo mentiroso, sino también padre de la mentira13. Él fue el primero en mentir, y siendo el primero en pecar, fue también el autor de la mentira.
CAPÍTULO IV
Qué es vivir según el hombre y qué es vivir según Dios