La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 1. Cuando el hombre vive segĂșn el hombre, y no segĂșn Dios, es semejante al diablo. Ni siquiera el ĂĄngel debiĂł vivir segĂșn el ĂĄngel, sino segĂșn Dios, para mantenerse en la verdad y hablar la verdad que procede de Dios, no la mentira, que nace de su propia cosecha. Del hombre dice el mismo ApĂłstol en otro lugar: Si es que se manifestĂł la verdad de Dios en mi mentira14. LlamĂł a lo mĂo mentira, y verdad a lo de Dios. Y asĂ, cuando el hombre vive segĂșn la verdad, no vive segĂșn Ă©l mismo, sino segĂșn Dios, pues es Dios quien dijo: Yo soy la verdad15. Pero cuando vive segĂșn Ă©l mismo, segĂșn el hombre, no segĂșn Dios, vive segĂșn la mentira. No se trata de que el hombre mismo sea la mentira, puesto que tiene por autor y creador a Dios, quien no es autor ni creador de la mentira. La realidad es que el hombre ha sido creado recto no para vivir segĂșn Ă©l mismo, sino segĂșn el que lo creĂł. Es decir, para hacer la voluntad de aquĂ©l con preferencia a la suya. Y el no vivir como lo exigĂa su creaciĂłn constituye la mentira.