La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Quiere ser feliz sin vivir de la manera que podía serlo. ¿Hay algo más mentiroso que esta voluntad? No en vano puede afirmarse que todo pecado es una mentira. No se comete un pecado sino queriendo que nos vaya bien o rehuyendo que nos vaya mal. Tiene, pues, lugar la mentira cuando, intentando buscar algún bien, eso mismo nos resulta mal, o cuando procurando buscar algo mejor, nos resulta, en cambio, peor. ¿De dónde procede esto? De que el bien le viene al hombre de Dios, a quien abandona por el pecado. No le viene de sí mismo, pues si vive según él mismo, peca.