La Ciudad de Dios

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3. Por tanto, la voluntad, la precaución, el gozo son comunes a los buenos y a los malos; o, para decir lo mismo con otras palabras, les son comunes el deseo, el temor y la alegría; pero unos las practican bien y otros mal, según sea recta o perversa la voluntad de los hombres. La misma tristeza, en sustitución de la cual no admiten nada los estoicos en el ánimo del sabio, es cierto que se encuentra usada en el buen sentido, sobre todo en nuestros autores. Alaba, en efecto, el Apóstol a los corintios porque se entristecieron según Dios. Claro que alguno puede decir que el Apóstol los felicitó porque se entristecieron arrepintiéndose; tristeza que sólo pueden tener los que han pecado. Dice así: Veo que aquella carta os dolió, aunque fue por poco tiempo; pero ahora me alegro no de que sintierais pesar, sino de que ese pesar produjese enmienda. Vuestro pesar fue realmente como Dios quiere, de modo que no salisteis perdiendo nada por causa mía. Porque un pesar como Dios quiere produce una enmienda saludable y sin vuelta atrás; en cambio, el pesar de este mundo procura la muerte. Mirad cómo el hecho de haber sentido pesar como Dios quiere produjo gran empeño en vosotros42.





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