La Ciudad de Dios

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Con esto pueden los estoicos responder en defensa suya que la tristeza parece útil para arrepentirse de haber pecado. Esto no puede ocurrir en el ánimo del sabio, ya que en él no cabe pecado en cuyo arrepentimiento se entristezca ni otro mal alguno que le cause tristeza al sentirlo o sufrirlo. También se cuenta de Alcibíades (si no me falla la memoria sobre el personaje) que, viéndose feliz, lloró al oír disputar a Sócrates y convencerlo de que era miserable por ser necio. Para éste la necedad fue causa de útil y apetecible tristeza, por la cual el hombre se lamenta de ser lo que no debe. Pero los estoicos no dicen que es el necio, sino el sabio en quien no cabe la tristeza.

CAPÍTULO IX

Las perturbaciones del ánimo, cuyos movimientos rectos se encuentran en la vida de los justos







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