La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Miran a Pablo, que goza con los que se gozan, llora con los que lloran59 con luchas por fuera y temores por dentro60; que desea deshacerse y estar con Cristo61; que desea ver a los romanos para conseguir algún fruto entre ellos, como entre los demás gentiles62; que siente celo de los corintios, y teme a impulsos de ese celo que sus mentes se aparten del deseo casto de Cristo63; que tiene una gran tristeza y dolor de corazón por los israelitas64, ya que, desconociendo la justicia de Dios, no se someten a ella tratando de suplantarla por la suya65; que manifiesta no sólo su aflicción, sino también su llanto, a algunos que antes habían pecado y no hicieron penitencia de su inmundicia y sus fornicaciones66.