La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Por otra parte, si se ha de llamar ἀπάθεια al estar el ánimo sin afecto alguno, ¿quién no tendrá a esta insensibilidad por el peor de todos los vicios? Puede, pues, decirse con toda razón que la felicidad perfecta ha de estar libre del aguijón del temor y de la tristeza; pero ¿quién puede sostener, sino el que esté apartado totalmente de la verdad, que no ha de haber allí amor y gozo? En cambio, si la ἀπάθεια tiene lugar cuando no cause espanto ni miedo alguno ni angustie ningún temor, hay que excluirla de esta vida si queremos vivir rectamente, esto es, según Dios; habrá que esperarla, por supuesto, en la otra feliz, que se promete para siempre.