La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios CAPÍTULO XIII
En la prevaricación de Adán precedió la mala voluntad a la acción mala
1. Comenzaron a ser malos en el interior para caer luego en abierta desobediencia, pues no se llegaría a una obra mala si no hubiera precedido una mala voluntad. Y, a su vez, ¿cuál pudo ser el principio de la mala voluntad sino la soberbia? El principio de todo pecado es la soberbia89. Y ¿qué es la soberbia sino el apetito de un perverso encumbramiento? El encumbramiento perverso no es otra cosa que dejar el principio al que el espíritu debe estar unido y hacerse y ser, en cierto modo, principio para sí mismo. Tiene esto lugar cuando se complace uno demasiado en sí mismo. Y se complace así cuando se aparta de aquel bien inmutable que debió agradarle más que él a sí mismo. Cierto que este defecto es espontáneo, porque si la voluntad permaneciera estable en el amor del bien superior inmutable, que la ilustraba para ver y la encendía para amar, no se apartaría para agradarse a sí misma, ni por su causa se entenebrecería y languidecería; así ni ella hubiera creído que la serpiente decía la verdad, ni él hubiera antepuesto la voluntad de su esposa al mandato de Dios, ni pensaría que traspasaba venialmente el precepto acompañando a su compañera hasta el pecado.