La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios CAPÍTULO XIV
Soberbia de la transgresión, que fue más grave que la transgresión misma
Más grave todavía y condenable es la soberbia, que incluso en los pecados manifiestos busca la excusa del subterfugio, como la buscaron aquellos primeros. Así, dijo la mujer: La serpiente me engañó y comí; y el hombre: La mujer que me diste por compañera me ofreció el fruto y comí97. No se oye aquí la petición de perdón ni la solicitud por la medicina. Aunque no nieguen, como Caín, lo que cometieron98, todavía la soberbia trata de cargar sobre el otro el mal que hizo: la soberbia de la mujer sobre la serpiente; la soberbia del hombre sobre la mujer. Pero cuando hay transgresión clara del mandamiento divino, la excusa es más bien una acusación. No dejaron de cometer esa transgresión porque la cometiera la mujer aconsejada por la serpiente, y el hombre por dárselo la mujer; como si se pudiera anteponer algo a Dios, a quien se debe creer y obedecer.
CAPÍTULO XV
Justicia de la sanción que recibieron los primeros hombres por su desobediencia