La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Dos grupos de la Humanidad que se encaminan a diversos fines desde su principio
1. Sobre la felicidad del Paraíso, sobre el Paraíso mismo, la vida de sus primeros moradores, su pecado y su castigo, son muchos los que han emitido diversidad de opiniones y las han consignado por escrito. También nosotros, ateniéndonos a las santas Escrituras, tratando sobre estas materias en los libros precedentes, hemos expuesto lo que en ellas hemos leído o hemos podido entender siguiendo su autoridad.
Si se solicita una exposición más detallada de esto, se originarían muchas y variadas discusiones capaces de llenar más volúmenes de los que exigen esta obra y el tiempo, y no disponemos de tanto como para poder demorarnos en lo que pueden solicitar los ociosos y meticulosos, más dispuestos a preguntar que capacitados para comprender.
Pienso, sin embargo, que ya hemos resuelto importantes y difíciles cuestiones acerca del principio del mundo, del alma y del mismo género humano. A éste lo hemos dividido en dos clases: los que viven según el hombre y los que viven según Dios. Y lo hemos designado figuradamente con el nombre de las dos ciudades, esto es, dos sociedades humanas: la una predestinada a vivir siempre con Dios; la otra, a sufrir castigo eterno con el diablo.