La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Ése es el fin de cada una, del cual se hablará después. Al presente, como ya se ha dicho bastante sobre su origen, tanto en los ángeles, cuyo número ignoramos, como en los dos primeros hombres, me parece ya oportuno tratar de exponer su desarrollo desde que aquella pareja comenzó a engendrar hasta que dejen de propagarse los hombres. En efecto, todo este tiempo o este siglo, en el que desaparecen los que mueren y los suceden los que nacen, constituye el desarrollo de estas dos ciudades de que hablamos.
2. El primer hijo nacido de los dos primeros padres del género humano fue CaÃn, que pertenece a la ciudad de los hombres, y el segundo Abel, de la ciudad de Dios.
Podemos comprobar en cada hombre lo que nos dijo el Apóstol, que no es primero lo espiritual, sino lo animal; lo espiritual viene después¹. Por eso cada uno, por nacer de estirpe condenada, pertenece primero, como malo y carnal, a Adán, pasando luego a ser bueno y espiritual si continúa su perfección en el renacer hacia Cristo. Lo mismo sucede en el linaje humano: tan pronto como comenzaron estas ciudades a dilatarse por los nacidos y los muertos, nació primero el ciudadano de este mundo, y después el peregrino en el mundo, perteneciente a la ciudad de Dios, predestinado por la gracia y por la gracia elegido, peregrino con la gracia aquà abajo, y ciudadano por la gracia allá arriba.