La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 1. Ahora, realizado ya el efecto en sus descendientes, queda bien manifiesto lo que se presentaba oscuro. Atendiendo a estas figuras con un poco de cuidado e inteligencia, ¿quién las reconocerá realizadas en Cristo? Sem, de cuya descendencia carnal nació Cristo, significa «el renombrado». Y ¿quién hay más renombrado que Cristo, cuyo nombre exhala ya su fragancia por doquier², de suerte que en el Cantar de los Cantares, según el anuncio de la profecía, se compara al ungüento derramado?; ¿y no habitan también en su casa, es decir, en las iglesias, multitud de naciones? Y eso es lo que significa Jafet, «extensión».
Pero Cam, que significa «cálido», el hijo intermedio de Noé, como separándose de uno y otro y permaneciendo entre los dos, sin pertenecer ni a las primicias de los israelitas ni a la plenitud de los gentiles, ¿qué significa sino la raza de los herejes, caldeada, no por el espíritu de la sabiduría, sino de la impaciencia, que suele poner en ebullición las entrañas de los herejes y perturbar la paz de los santos? Aunque todo esto redunda en provecho de los adelantados, según lo del Apóstol: Es necesario que haya herejías para que se descubran entre vosotros los que tienen una virtud probada³. Por eso se dijo también: El hijo ejercitado será sabio y usará útilmente del necio4.