La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios CAPÍTULO IX
¿Se puede admitir que la parte inferior de la Tierra que es contraria a la que habitamos, tiene antípodas?
En cuanto a la existencia de los antípodas; es decir, de hombres que marcan sus huellas contrarias a nuestros pies por la parte opuesta de la Tierra, donde sale el sol cuando se nos oculta a nosotros, no hay razón alguna que nos fuerce a creerlo. Nadie dice que haya conocido esto por noticia histórica alguna, sino que se conjetura por el razonamiento, ya que la Tierra está suspendida en la bóveda celeste, y para el mundo es lo mismo el lugar ínfimo que el lugar medio. Por ello piensan algunos que la otra parte de la Tierra, que está debajo, no puede estar sin habitantes. No prestan atención a que, aunque el mundo tenga una forma esférica y redonda, y aun demostrado esto con algún argumento, no se sigue de ahí que la Tierra por esa parte esté libre de la avalancha de las aguas; y aunque estuviera seca, no por ello se ve la necesidad de que esté habitada. Porque la Escritura no puede mentir en modo alguno, y con la narración de las cosas pasadas garantiza el cumplimiento de las predicciones. Sería demasiado inverosímil la afirmación de que algunos hombres, a través de la inmensidad del océano, hayan podido navegar y llegar a la otra parte, de suerte que también allí se estableciera el género humano procedente del primero y único hombre.