La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Por lo cual es mucho más digno de crédito que Abrahán en los tres y Lot en los dos reconocían al Señor, a quien hablaban en singular, aunque los tuvieron por hombres; pues no había otro motivo para recibirlos de esa manera y servirles como mortales y necesitados de alimentación humana. Pero había ciertamente algo tan excelente que, aunque al parecer fueran hombres, los que prestaban esa hospitalidad no podían dudar que en ellos estaba el Señor, como suele estar en los profetas; y por ello unas veces les hablaban en plural, y otras los llamaban Señor en singular.
De que eran ángeles nos lo testifica la Escritura, no sólo en este libro del Génesis, donde se narran tales hechos, sino también en la Carta a los Hebreos, cuando, alabando la hospitalidad, dice: Por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles76. A través de estos tres varones, por consiguiente, en la promesa que de nuevo se hizo a Abrahán sobre su hijo Isaac, que nacería de Sara, se otorgó también aquella divina respuesta: Abrahán se convertirá en un pueblo grande y numeroso; con su nombre se bendecirán todos los pueblos de la Tierra77. Donde con la mayor brevedad y plenitud se contienen las dos promesas: el pueblo de Israel según la carne y todos los pueblos según la fe.
CAPÍTULO XXX