La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios En efecto, comenzó por huir de allí porque, al defender a un israelita, había dado muerte a un egipcio y se sintió presa del terror. Luego, enviado por orden divina, superó por el poder del Espíritu de Dios a los obstinados magos del faraón. Después, por su medio, fueron castigados los egipcios al negarse a dejar salir al pueblo de Dios con las diez famosas plagas: el agua convertida en sangre, las ranas y mosquitos, las moscas, la muerte de los ganados, las llagas, el granizo, la langosta, las tinieblas, la muerte de los primogénitos. Ya, por último, habiendo dejado salir a los israelitas, después de afligirlos con tantas y tan grandes calamidades, los persiguieron los egipcios en el mar Rojo, y fueron sepultados en él. Efectivamente, cuando aquéllos marchaban, se abrió el mar y les dejó paso; y al perseguirlos los egipcios, tornaron las aguas a juntarse y los sumergieron.