La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 2. Quien piense que esta gran promesa tuvo su cumplimiento en Salomón se encuentra en un grave error; se fija en las palabras Él edificará un templo en mi honor, porque Salomón construyó aquel noble templo; pero no se fija en las otras: Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia. Atienda, pues, y mire la casa de Salomón llena de mujeres extranjeras adorando falsos dioses, y al mismo rey, sabio en otro tiempo, seducido y arrastrado a la misma idolatrÃa. A buen seguro que no osará pensar que Dios ha prometido esto con mentira, o que no pudo conocer cómo se habÃa de portar Salomón y su casa. Ni aun asà deberÃamos dudar nosotros, aunque no viéramos el cumplimiento de estas profecÃas en Cristo nuestro Señor, que procede de la descendencia de David según la carne58, para no vernos forzados a buscar vana e inútilmente a otro mesÃas, como lo hacen los carnales judÃos. Pues ellos mismos reconocen claramente que no es Salomón el hijo que leen se prometió a David en este lugar; y, sin embargo, a pesar de estar revelado con tal claridad el prometido, afirman con notable ceguera que todavÃa esperan a otro.