La Ciudad de Dios

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3. Salomón comenzó a reinar todavía en vida de su padre, lo que no sucedió con ninguno de aquellos reyes; para manifestar claramente con esto que no es él a quien figura esta profecía, que se dirige a su padre diciendo: Y cuando hayas llegado al término de tu vida y descanses con tus antepasados, estableceré después de ti a una descendencia tuya, nacida de tus entrañas, y consolidaré tu reino.¿Cómo en lo que sigue: Él edificará un templo en mi honor, se ha de juzgar que está profetizado Salomón, y, en cambio, en lo que antecede: Cuando hayas llegado al término de tu vida y descanses con tus antepasados, estableceré después de ti a una descendencia tuya, no se ha de entender que ha sido prometido el otro pacífico, que ha de levantarse, según el anuncio, no antes, como aquél, sino después de la muerte de David? Pues por mucho tiempo después que viniera Cristo, sin duda era después de la muerte del rey David, a quien se prometió que era preciso viniera él a edificar la casa del Señor, no de madera y piedra, sino de hombres, como nos regocijamos de que la está edificando. A esta casa, esto es, a los fieles de Cristo, dice el Apóstol: El templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros60.

CAPÍTULO IX

Cuán semejante es la profecía sobre Cristo en el salmo 88 a las promesas que se hacen en los libros de los Reyes por boca del profeta Natán


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