La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Por esto también, en el salmo 88, titulado «Instrucción a Etán israelita», se hace mención de las promesas hechas por Dios al rey David, y se dicen algunas cosas semejantes a las que se encuentran en el libro de los Reyes; tales son: He jurado a David, mi siervo: Te fundaré un linaje perpetuo. Y también aquello: Un día hablaste en visión a tus amigos: He ceñido la corona a un héroe, he levantado un soldado contra el pueblo. Encontré a David, mi siervo, y lo he ungido con óleo sagrado; para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga valeroso no lo engañará el enemigo ni los malvados lo humillarán; ante él desharé a sus adversarios y heriré a los que me odian. Mi fidelidad y misericordia lo acompañará, por mi nombre crecerá su poder; extenderé su izquierda hasta el mar, y su derecha hasta el gran río. Él me invocará: Tú eres mi padre, mi Dios, mi roca salvadora. Y yo lo nombraré mi primogénito, excelso entre reyes de la tierra. Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable; le daré una posteridad perpetua y un trono duradero como el cielo61.