La Ciudad de Dios

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Y en el salmo se dice, como tratando de David, algo semejante: Si sus hijos abandonan mi ley y no siguen mis mandamientos, si profanan mis preceptos y no guardan mis mandatos, castigaré con la vara sus pecados y a latigazos sus culpas; pero no le retiraré mi favor64. No dijo «les» hablando de sus hijos, sino que dijo «le»; bien entendido, tiene el mismo sentido. Porque no se pueden encontrar en el mismo Cristo, cabeza de la Iglesia, los pecados que necesitan del castigo divino con correctivos humanos, salvada siempre la misericordia, pero sí se encuentran en su cuerpo y sus miembros, que forman su pueblo. Por eso en el libro de los Reyes se habla de la iniquidad de él, y en el salmo, en cambio, de la de sus hijos; para darnos a entender que en cierto modo se dice de él mismo lo que se dice de su pueblo. Razón por la cual él mismo le dice, desde el cielo a Saulo cuando perseguía a su cuerpo, que son sus fieles: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?65 Y en el salmo a continuación dice: No faltaré jamás a la verdad, ni violaré mi alianza, ni cambiaré mis promesas. Una vez juré por mi santidad no faltar a mi palabra con David. Es decir, que jamás mentiré a David; locución habitual en la Escritura. Y qué es que no miente, lo dice a continuación: Su linaje será perpetuo, y su trono, como el sol en mi presencia, como la luna, que siempre permanece y es testimonio fiel en el cielo66.

CAPÍTULO X


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