La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios El reino y los méritos de David y de su hijo Salomón, y la profecía que se refiere a Cristo y que se encuentra en los libros suyos o en los que se los han unido
1. Reinó David, hijo de la Jerusalén celestial, en la Jerusalén terrena, grandemente encomiado por el testimonio divino; sus delitos, en efecto, fueron compensados por saludable y humilde penitencia, con piedad tan grande que se encuentra, sin duda, entre los que él celebró al decir: Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado108.
Después de él gobernó a todo su pueblo su hijo Salomón, que, como se dijo antes, comenzó a reinar aún en vida de su padre. Éste tuvo buenos principios, pero mala terminación. Pues la prosperidad, que agobia el ánimo de los sabios, le produjo más perjuicios que los beneficios de la misma sabiduría, tan memorable ahora y siempre, y ya entonces celebrada por doquier. También él profetizó en sus libros, tres de los cuales han sido reconocidos como canónicos: Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares. Otros dos, la Sabiduría y el Eclesiástico, se los ha atribuido la costumbre a Salomón por cierta semejanza de estilo, aunque los más entendidos no dudan en descartarlo. Sin embargo, la Iglesia, sobre todo la occidental, los reconoció desde antiguo como canónicos.