La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios En uno de ellos, en el de la Sabiduría, de Salomón, está profetizada con toda claridad la Pasión de Cristo. Se menciona allí a sus impíos asesinos, que dicen: Acechemos al justo, que nos resulta incómodo, se opone a nuestras acciones, nos echa en cara las faltas contra la ley, nos reprende las faltas contra la educación que nos dieron; declara que conoce a Dios, que Él es hijo del Señor; se ha vuelto acusador de nuestras convicciones; sólo verlo da grima; lleva una vida distinta de los demás y va por un camino aparte; nos considera de mala ley y se aparta de nuestras sendas como si contaminasen; proclama dichoso el destino del justo y se gloría de tener por padre a Dios. Vamos a ver si es verdad lo que dice, comprobando cómo es su muerte; si el justo ése es hijo de Dios, él lo auxiliará y lo arrancará de las manos de sus enemigos. Lo someteremos a tormentos despiadados para apreciar su paciencia y comprobar su temple; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien mira por Él. Así discurren y se engañan, porque los ciega su maldad109.