La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios No admite esto Varrón, temeroso de creer algo inconveniente a la naturaleza y las costumbres de los dioses. Y, no obstante, nos suministra una explicación no fabulosa, sino histórica, sobre el nombre de Atenas, y nos consigna en sus escritos un litigio tan grande entre Neptuno y Minerva, cuyo nombre recibió aquella ciudad, que, al contender en la ostentación de prodigios, ni Apolo siquiera al ser consultado se atrevió a juzgar entre ellos; antes, como Júpiter había remitido la contienda de las tres citadas diosas a Paris, aquél se la remitía a los hombres. Venció por los votos Minerva, y fue vencida en el castigo de las que la votaron: la que pudo dar nombre a la ciudad de Atenas frente a sus adversarios los hombres no pudo conseguir que sus amigas las mujeres se llamaran Atenea.
En esta época, según escribe Varrón, reinando en Atenas Cranao, sucesor de Cécrope, o permaneciendo aún el mismo Cécrope, según dicen nuestros Eusebio y Jerónimo, tuvo lugar el diluvio llamado de Deucalión por ser éste quien reinaba en aquellas regiones donde alcanzó su apogeo. Pero este diluvio no llegó a Egipto ni a sus regiones vecinas.
CAPÍTULO XI
En qué tiempo sacó de Egipto al pueblo Moisés, y en tiempo de qué reyes murió Jesús Nave, su sucesor