La Ciudad de Dios

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También en estos tiempos Latona dio a luz a Apolo; no aquel Apolo cuyos oráculos decíamos antes solían ser consultados, sino al otro que junto con Hércules estuvo al servicio de Admeto. Éste, no obstante, fue tenido por dios hasta el punto de que muchísimos, incluso la mayoría, piensan haber sido uno solo y único Apolo. Por esos tiempos guerreó en la India el padre Líbero, que tuvo en su ejército muchas mujeres, llamadas las Bacantes, no tan célebres por su valor cuanto por su frenesí. Algunos dicen que este Líbero fue vencido y aprisionado, e incluso que fue muerto en lucha por Perseo, sin omitir en lugar donde fue sepultado. No obstante, bajo su nombre, como de un dios, fueron instituidas por los inmundos demonios las solemnidades bacanales o más bien sacrílegas, de cuya frenética torpeza de tal modo se avergonzó el Senado después de muchos años, que las prohibió en la ciudad de Roma.

A la muerte de Perseo y su esposa Andrómeda, con tal convencimiento pensaron entonces que fueron recibidos en el cielo, que ni se avergonzaron ni temieron asociar sus imágenes a las estrellas y llamarlos con el nombre de las mismas.

CAPÍTULO XIV

Los poetas teólogos


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