La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios CAPÍTULO XVII
Qué nos dice Varrón sobre las increíbles metamorfosis humanas
Para confirmar estos relatos, recuerda Varrón otros hechos no menos increíbles sobre la famosísima maga Circe, que transformó a los compañeros de Ulises en bestias. Habla también de los arcades, que, según les tocaba la suerte, pasaban a nado al otro lado de cierto estanque y se convertían allí en lobos, viviendo después con semejantes fieras por los desiertos de aquella región. Si no se alimentaban con carne humana, después de nueve años volvían a atravesar nadando el estanque y recobraban su forma de hombres. Cita también, por fin, nominalmente a cierto Demeneto, quien habiendo gustado del sacrificio que los arcades con la inmolación de un niño solían hacer a su dios Liceo, fue convertido en lobo, y que, restituido a su propia forma, se ejercitó en el pugilato y triunfó en los Juegos Olímpicos. Piensa el mismo historiador que no fue otro el motivo de dar en la Arcadia tal nombre a Pan Liceo y Júpiter Liceo, sino por esa transformación de los hombres en lobos, que creían no tenía lugar sino por el poder divino. Lobo, en efecto, se dice en griegoλύκος de donde aparece derivado el nombre de Liceo. Así como dice que los romanos Lupercos han nacido como de la semilla de aquellos misterios.
CAPÍTULO XVIII