La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Miró y se marchitaron las naciones, esto es, se compadeció y llevó a los pueblos a la penitencia. Quebrantó con violencia los montes, que significa: con la fuerza de los milagros aplastó la soberbia de los orgullosos. Los collados eternos se abatieron, es decir, fueron humillados temporalmente a fin de levantarse para siempre. He visto sus entradas eternas, precio de sus trabajos, o sea, vi los trabajos de la caridad premiados con la eternidad. Los tabernáculos de Etiopía y las tiendas de la tierra de Madián se cubrirán de espanto; esto es, atemorizados de pronto los pueblos por el anuncio de tus maravillas, aun los que no están bajo el yugo romano se encontrarán en el pueblo cristiano.
¿Te enojaste, Señor, contra los ríos y montaste en cólera contra el mar? Dijo esto porque no viene ahora para juzgar al mundo³³, sino para que el mundo se salve por Él. Porque montas sobre tus caballos, y tu viaje es la salvación; esto es, te llevarán tus evangelistas, que son gobernados por Ti, y tu Evangelio será la salvación de los que creen en Ti. Flecharás tu arco contra los cetros, dice el Señor; es decir, amenazarás con tu juicio aun a los reyes de la tierra. Los ríos rasgarán la tierra, o sea, bajo el poder de la oratoria de los que te predican para confesarte se abrirán los corazones de los hombres, a quienes se dijo: Rasgad los corazones y no los vestidos34.