La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Dios vendrá de Temán, y el Santo de un monte umbroso y espeso. En las palabras vendrá de Temán han interpretado otros «del Austro» o «del Ábrego», por el cual se significa el mediodía, esto es, el fervor de la caridad y el esplendor de la verdad. En cambio, con relación al monte umbroso y espeso, aunque pueda interpretarse de muchos modos, yo lo tomaría más bien por la profundidad de las Escrituras, en que está profetizado Cristo; puesto que allí se contienen muchos misterios llenos de sombra y preñados de sentido para ejercitar la mente del investigador. Y de ellas procede también el hallazgo del que llega a entenderlos.
Su resplandor eclipsa el cielo, y la tierra se llena de sus alabanzas; ¿no es lo mismo que se dice en el salmo: Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llene la tierra tu gloria?³² Su esplendor será como la luz, ¿qué quiere decir sino que su fama iluminará a los creyentes? El poder está en sus manos, ¿qué otra cosa es sino el trofeo de la cruz? Ha puesto la caridad como fundamento de su fuerza; palabras que no necesitan explicación. Ante Él vendrá la palabra, y ella saldrá en el despoblado tras sus pisadas; ¿quiere decir otra cosa sino que fue anunciado antes de venir aquí y proclamado después de tornar de aquí? Se detuvo y la tierra se conmovió; bien claro es que se detuvo para socorrer, y que la tierra se conmovió para creer.