La Ciudad de Dios

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2. Con relación al profeta Sofonías, que profetizaba con Jeremías, citaré de momento estos pasajes: Espérame, dice el Señor, en el día de mi resurrección, porque mi voluntad es congregar las naciones y reunir los reinos50. Y dice también: Terrible se les mostrará el Señor cuando deje macilentos a todos los dioses de la Tierra; entonces lo adorarán desde sus puestos las islas de los paganos51. Y un poco después: Entonces purificaré los labios de los pueblos para que invoquen todos el nombre del Señor y le sirvan todos de común acuerdo; desde allende los ríos de Etiopía, de la dispersión, los que me rezan me traerán ofrendas. Aquel día no tendrás que avergonzarte de las acciones con que me ofendiste, porque extirparé tus soberbias bravatas y no volverás a insolentarte en mi monte santo. Dejaré en ti un pueblo pobre y humilde, un resto de Israel que se acogerá al Señor52. Éstos son los restos de que se profetiza en otra parte, y que también recuerda el Apóstol: Aunque el número de los hijos de Israel fuese como la arena del mar, se salvará sólo el residuo53. Este residuo de aquel pueblo es el que creyó en Cristo.

CAPÍTULO XXXIV

Profecía de Daniel y Ezequiel que se cumple en Cristo y en la Iglesia


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