La Ciudad de Dios

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Si en esas enseñanzas se prohibía el sacrilegio, era Dios el que lo prohibía. Si se decía: Honra a tu padre y a tu madre,era Dios el que lo mandaba. Si se dijo: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás72, y cosas por el estilo, no fueron los labios humanos, sino los oráculos divinos, los que pronunciaron estas palabras. Hubo verdades que entre sus falsedades pudieron descubrir algunos filósofos y trataron de persuadirlas con laboriosos debates, por ejemplo, que Dios hizo este mundo, y lo gobierna con su providencia; se dijeron aciertos sobre la honradez de las virtudes, sobre el amor a la patria, la fidelidad en la amistad, las obras buenas y otras cosas referentes a la honradez de costumbres. Ignoraban a qué fin y cómo se habían de enderezar estas cosas. Pues bien, todos estos extremos habían sido encomendados al pueblo en aquella ciudad por palabras proféticas, divinas, bien que por medio de hombres; y no habían sido reiteradas con debatidas argumentaciones. Quien llegaba a conocer todo esto temía menospreciar no el genio de los hombres, sino la palabra de Dios.

CAPÍTULO XLII

Providencia de Dios en la traslación de la Sagrada Escritura del Antiguo Testamento de la lengua hebrea a la griega con el fin de que llegara a conocimiento de los gentiles


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