La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 3. No mucho después, un cierto Alcimo, sin pertenecer a la casta sacerdotal, fue nombrado pontífice por ambición; acto considerado como impío. Después de casi cincuenta años sin que gozaran de paz, aunque llevaron a feliz éxito algunas empresas, asumió Aristóbulo el primero la diadema y se hizo rey y pontífice a la vez. Desde que volvieron de la cautividad de Babilonia y fue restaurado el templo, no habían tenido reyes, sino sólo caudillos o príncipes; bien que el llamado rey puede también recibir el nombre de príncipe por la potestad de mandar y el de caudillo por ser conductor del ejército. En cambio, los príncipes o caudillos no pueden llamarse por esto reyes, como lo fue Aristóbulo.
Le sucedió a éste Alejandro, rey y pontífice también, de quien se dice reinó con crueldad sobre los suyos. Después de él fue reina de los judíos su esposa Alejandra, y desde entonces se vieron agobiados en adelante por males más graves. Porque los hijos de esta Alejandra, Aristóbulo e Hircano, lucharon entre sí por el mando, y provocaron la intervención del poderío romano contra el pueblo de Israel, ya que Hircano les pidió auxilio contra su hermano.