La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Era ya llegada la plenitud de los tiempos, anunciada por el espíritu profético en la boca del patriarca Jacob, cuando dice: No faltará príncipe de Judá ni caudillo de su posteridad hasta que venga Aquel a quien se aguardó, que es la esperanza de las naciones76. No faltó, de hecho, príncipe de los judíos de origen judío hasta el tal Herodes, a quien tuvieron por primer rey extranjero. Ya se cumplía, pues, el tiempo de la venida de Aquel en quien estaba la promesa de la nueva alianza, de suerte que Él fuera la expectación de los pueblos. No podían esperarle venidero las gentes, como le vemos esperado para llevar a cabo el juicio en la manifestación de su poder, si no hubieran creído en Él antes, cuando vino a ser sometido a juicio en la humildad de su paciencia.
CAPÍTULO XLVI
Nacimiento de nuestro Salvador en cuanto Verbo hecho carne, y dispersión de los judíos entre todas las gentes según la profecía