La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Ellos, en cambio, han pensado que los bienes y males últimos se hallan en esta vida, situando el sumo bien en el cuerpo o en el alma, o en ambos a la vez. Por decirlo más claramente: en el placer, en la virtud o en ambos juntamente; en la tranquilidad, en la virtud o en ambos a la vez; en el placer juntamente con la tranquilidad, en la virtud o en todos a la vez; en los bienes primordiales de la naturaleza, en la virtud o en ambos. Estos filósofos -digo-, con una desvariada pretensión, han querido ser felices en esta tierra, y alcanzar por sí mismos la felicidad. Se burla de ellos la Verdad por las palabras del profeta: Conoce el Señor los pensamientos del hombre; o como evidencia el testimonio del apóstol Pablo: El Señor se da cuenta de lo fútiles que son los planes de los listos².