La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios ¡Cuál será la fuerza de estos males, que convierten en homicida a la virtud de la fortaleza!, si es que aún podemos seguir llamando fortaleza a la que está tan rendida ya por estas desgracias, que no solamente se vuelve incapaz de custodiar por la paciencia al hombre, que tiene encomendado, para servirle de guÃa y protección, como virtud que es, sino que ella misma se siente constreñida a matarlo. Cierto, el sabio debe tolerar pacientemente incluso la muerte, pero venida de otra parte. Ahora bien, según estos filósofos, cuando el mismo sabio se siente en la obligación de procurarse la muerte a sà mismo, es preciso confesar sin rodeos que no se trata únicamente de males: son males insoportables los que le llevan a perpetrarlo.